Autocompasión vs Autestima

mujer (2)

Traducción anónima al español  del diario digital Mindfull por Kristin Neff

Esforzarse por la autoestima es intentar sentirse especial, estar por encima del promedio, lo cual es absurdo. No necesitamos sentirnos extra especiales o estar en la cima. Necesitamos comparar quienes somos realmente en cualquier momento dado.

La gran ansiedad causada por la vida moderna es: no importa qué tanto intentamos, no importa qué tan exitosos somos, no importa qué tan buen padre, trabajador o esposo somos, nunca es suficiente. Hay siempre alguien más rico, más delgado, más listo o más poderoso que nosotros, alguien que nos hace sentir nuestro fracaso en comparación y fracaso de cualquier tipo es inaceptable ¿Qué hacer?

Una respuesta ha venido en la forma del movimiento autoestima. A través de los años se han hecho miles de libros y artículos de revistas promoviendo autoestima ¿Cómo conseguirla? ¿Cómo alzarla? ¿Cómo mantenerla?

Casi se ha vuelto una verdad absoluta en nuestra cultura que necesitamos tener alta autoestima para ser felices y saludables, pensar positivamente de nosotros mismos a toda costa, como “Saturday Night Live” (Sábado por la noche en vivo) de Al Franken caracterizando al personaje de ficción Stuart Smalley proclama “Soy lo suficientemente bueno, soy lo suficientemente listo, inteligente y, maldita sea, gente como yo”. Pero la necesidad para evaluarnos continuamente nosotros mismos viene a un alto precio. Por ejemplo, tener alta autoestima normalmente requiere especial sentimiento y estar por encima del promedio. En tal sentido, ser llamado promedio se considera un insulto. “¿Qué te pareció mi actuación anoche?” “Fue promedio”. Uy, por supuesto. Es lógicamente imposible para todo ser humano en nuestro planeta estar por encima del promedio al mismo tiempo, poniéndonos en aprietos.

Una manera de vérnosla con esto es a través de un proceso de comparación social en el cual continuamente intentamos inflarnos nosotros mismos y poner por debajo a los demás. Sólo piensen en la película “Chicas Malas” (2004) y sabrán de lo que estoy hablando.

Buscar levantar la estima de uno a expensas de otros es un fenómeno que subraya muchos problemas sociales, tales como prejuicio, desigualdad y bullying.

Las personas que suelen abusar de los débiles generalmente tienen muy alta autoestima desde el momento que eligen a las personas más débiles que ellos es un fácil modo de impulsar su sentido de autovaloración.

Una de la consecuencias más insidiosas del movimiento autoestima en las últimas décadas es el narcisismo epidémico. Jean Twenge examinó los niveles de narcisismo en más de 15,000 estudiantes en los Estado Unidos  entre 1987 y 2007. Durante ese periodo, esos niveles tocaron techo, con 65% de estudiantes de hoy en día calificaron el más alto nivel de narcisismo en comparación con anteriores generaciones. No coincidentemente el promedio de estudiantes con niveles de autoestima levantaron por un todavía más grande margen en el mismo periodo. Aunque una persona tenga alta autoestima no puede necesariamente mantenerla. Su autoestima probablemente va a volar por la ventana, va a sobrepasar cualquier límite, la próxima vez perderá la asignación de un gran trabajo, ya no podrá cerrar sus pantalones y no será invitado a aquella gran fiesta. La autoestima es una emocional subida a la montaña rusa: Nuestro sentido de autovaloración levanta y cae en paso con nuestro último éxito o fracaso. Sin embargo, no queremos sufrir tampoco de baja autoestima ¿Cuál es la alternativa entonces?

Hay otra manera de sentirnos bien con nosotros mismos lo cual no hace que nos involucre en evaluar qué tan buenos o dignos somos: La autocompasión (self-compassion), que no está basada en evaluaciones positivas de nosotros, más bien es una forma de relacionar a nosotros mismos. Involucra ser atentos, cuidadosos y alentadores con nuestra propia persona cuando fracasamos, cuando nos sentimos indispuestos o cuando luchamos tenazmente  contra las dificultades de la vida, extendiendo los mismos sentimientos de compasión hacia nosotros que típicamente extendemos para ayudar a los demás.

Las personas son compasivas a sí mismas porque son seres humanos que sufren, no porque son especiales y están por encima del promedio. En consecuencia, a diferencia de la autoestima (self-esteem), la autocompasión (self-compassion) enfatiza la interconexión en lugar de la separación. También ofrece más estabilidad emocional porque está siempre allí para ti, cuando estás en la cima del mundo y cuando caes de bruces o fracasas de plano.

Una inmensa cantidad de investigadores apoya actualmente la salud mental, los beneficios de la autocompasión y programas tales como autocompasión consciente (mindful self-compassion) la cual mi colega de Harvard Chris Germer y yo desarrollamos y que ahora es enseñada en todo el mundo. Pero pregunto: ¿Qué es autocompasión exactamente?

Tal como yo la defino tiene tres componentes claves: Ser bondadosos hacia nosotros mismos cuando sufrimos, enmarcando nuestra experiencia de imperfecciones en luz de la experiencia humana compartida y siendo cuidadosamente consciente de nuestras emociones y pensamientos negativos.

Componentes de la autocompasión:

1  Autobondad / Autogenerosidad   (Self-kindness)

2  Common Humanity  (Humanidad Común)

3  Mindfulness  (Consciencia Plena/Atención Plena)

 

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